
EL ARTE DE LOS TEJIDOS ANDINOS Por
Claudia Mora REVISTA KENOS
Una mujer andina que en la actualidad preserva el
ancestral arte del tejido de sus antepasados.
Las
culturas andinas aún conservan,
principalmente en las regiones rurales, muchas de sus antiguas tradiciones.
Conocemos a estas culturas muchas veces sólo por su arquitectura sagrada, por
sus templos o su mitología. Pero también uno de sus rasgos esenciales es el
arte de sus tejidos. Mama Ocllo, la esposa de Manco Capac, el primer monarca inca, enseñó a las mujeres el
poder de unir con arte los hilos. En muchas culturas, el tejido se vincula con
Diosas Hilanderas, con el poder sobre el destino, con el ritmo de la vida y la
muerte que caracterizan a la existencia dentro del tiempo. En este artículo de
Claudia Mora nos adentramos en el tejido andino como expresión de un camino
cultural particular.
Juego
y creación: el arte textil andino
Gorro de la costa sur
peruana perteneciente al Horizonte Tardío.
Cuando
realizamos el intento de conectarnos con otras tradiciones culturales
privilegiando sus manifestaciones artísticas, nos empuja la sospecha de que
esta indagación puede abrirnos a la comprensión otras maneras de estar y de
habitar el mundo que nos rodea.
Si
elegimos el arte textil andino no debemos caer en el error de considerar que se
trata de un arte menor, por su relación con un quehacer artesanal y gremial,
porque esta categorización nos limita para apreciar aquellos valores estéticos
que quedan fuera de los patrones críticos de nuestra propia tradición.
En las
culturas americanas, el lugar que ocupa la pintura en Occidente está
representado por el arte textil. Se trata de un arte mayor por el perfecto
dominio sobre la materia y por la profusión de diseño y de color. Cada estilo
nos ayuda a reconstruir una cultura que se resiste a desaparecer y da
testimonio de un mundo diferente al occidental.
Existe
también una razón ambiental para privilegiar la textilería
de las regiones andinas. Según señala Ruth Concuera a
quien seguimos en estas consideraciones, en la franja desértica de la costa del
Pacífico ubicada entre el Norte de Perú y el Norte de Chile las condiciones
climáticas para la conservación de los tejidos son inmejorables: terreno seco,
ausencia de luz ya que los tejidos fueron enterrados y poca incidencia del
material orgánico. Estas características, muy similares a las del desierto de
Egipto, permitieron recuperar de los enterratorios piezas que provienen no sólo
de aquel sitio sino también de los focos de gran textilería
que estuvieron situados lejos de allí, en las altas montañas.
Lo que
nos interesa en relación al arte textil andino es destacar el carácter lúdico
con el cual se desarrolla en ciertas tradiciones, por ejemplo en la cultura Chancay y en el Noroeste argentino. Allí se tejen piezas
con diseños ambiguos que, según se los observe representan un pájaro o un
felino, un pelícano o una serpiente. Los motivos son limitados pero no lo son
sus combinaciones que desconciertan al observador creando verdaderos juegos de
ilusión donde se establece con el artista un diálogo fuera del tiempo.
En estos
casos el juego permite reconstruir el espíritu que les dio origen porque rompe
las barreras con lo material que cancela la determinación absoluta en una
superabundancia del diseño y del color. Tanto en la gasa como en el filet se ponen de manifiesto la libertad y el ingenio del
artista que se conjugan en la armonía de la pieza.
El juego
virtuoso es uno de los componentes que colocan o estos tejidos dentro del
fenómeno de lo creación artística estableciendo siempre un punto de encuentro
entre el hombre y el Universo tal como el artista lo interpreta "El tejido
sagrado llevaba mensajes simbólicos , mitogramas, mensajes que acompañando el ajuar funerario
iban a establecer un diálogo con los dioses en un tiempo no atado a lo
humano:" (Concuera, 1987, p.58).
Sin
embargo no se puede comprender esta simbología sin conocer el contexto
histórico, el modelo religioso y el espacio temporal que los produce y del cual
son expresión. El tejido, como todas las manifestaciones artísticas, nos habla
de otros tiempos y de otros hombres, de su vida y de sus afanes y por eso la
mejor manera de referirnos a una pieza es situarla en su marco histórico y
social. Comencemos entonces con algunas referencias al espacio geográfico.
En los
5000 kilómetros que recorre la Cordillera de los Andes, desde Colombia y
Venezuela hasta el Sur de la Patagonia, las culturas
matrices que irradiaron su influencia a todas las áreas se localizaron en dos
focos: la Costa de Perú, que como ya señalamos constituye una de las regiones
más áridas del planeta y el Altiplano peruano – boliviano.
A pesar
de las bajas precipitaciones y la sequedad del suelo, la costa peruana presenta
un clima templado por la influencia de la corriente fría de Humboldt.
Entre los
meses de abril y octubre la niebla que se concentra entre el océano y las
montañas favorece la aparición de pastos superficiales a donde llegan hoy igual
que hace miles de años pastores cuyos movimientos constituyen focos de
circulación que unen las costas, las tierras altas y la selva. Gracias a estos
movimientos y a través del trueque las fibras textiles y las lanas de alpaca,
de llama y de vicuña, llegaron a lugares muy alejados de su origen.

Fragmento de un tejido anterior a la conquista.
Los
valles localizados entre las sierras y el Altiplano constituyen el entorno de aquellos tejedores que habitan el
Norte de Chile y el Noroeste argentino, Bolivia y el Sur de Perú. "La
figura de la campesina del Altiplano con el niño en la espalda hilando con el
uso en la mano, mientras camina en las rocas para ir a cuidar a su rebaño es
una imagen diaria y familiar." (Concuera, 1987,
p.11)
Ambos
focos nos proporcionan los más antiguos antecedentes de la herencia textil
andina que aún se conserva en aquellos pueblos que quedaron aislados entre las
sierras del Altiplano.
La
tradición Paracas – Chavin
Los
comienzos de la industria textil se remontan a los hallazgos de las cuevas del
Guitarrero en los Andes peruanos (8.600 a.C.) y al sitio de Huachichocana
ubicado en la actual Provincia de Jujuy en el noroeste argentino (7.600 a.C.)
en ambos lugares se han encontrado sogas y cuerdas que denotan una gran
habilidad en la torsión y en el manejo de la fibra. Las hebras podían girar a
la izquierda o a la derecha para proporcionar mayor firmeza al tejido o con una
intención decorativa.
En
algunas comunidades de tejedores el sentido de la torsión se relaciona con un
significado mágico – religioso; se supone que la pieza cuya torsión se realiza
hacia la izquierda proporciona protección a su tejedor.
Detalle de un tejido de la Necrópolis de Paracas, en la costa sureña del
Perú, que brilló desde el siglo VI AC hasta el advenimiento del cristianismo.
La importancia de los vestidos como ofrenda a los antepasados pareció haber
adquirido una gran importancia entre el pueblo de Paracas y otras
culturas andinas.
El universo cultural al cual
pertenecen estos hallazgos corresponde a una tradición de cazadores y
recolectores que dejaron sus testimonios en las pinturas de las cavernas en las
cuales buscaron refugio contra las inclemencias del clima. Los motivos son
símbolos aislados o futuras piezas de caza.
Los comienzos del tejido se
producen en los grupos de agricultores tempranos alrededor del tercer milenio
antes de Cristo.
De esta época data el
yacimiento arqueológico de la Península de Paracas donde se hallaron restos de
camisas hiladas con finas fibras de cactus, algunas veces teñidas de rojo, por
frotación de hematitas y esteras de junco tejidas a
partir del entrecruzamiento de dos tramas alrededor de la urdiembre.
En esta
época las poblaciones de la costa central de Perú se fueron ampliando en agrupamientos
que se consideraban descendientes de un antepasado común y que con el tiempo
darán lugar al ayllu, célula social de la población andina.
En esta
misma época se produjo en América la revolución agrícola que modificó profundamente
el horizonte cultural de los pueblos andinos. La observación de los cultivos y
la dependencia de las condiciones del clima producen otro contacto con las
divinidades. El pensamiento mítico se concentra en torno al problema de la
fertilidad.
En el
arte los motivos referidos a los animales ceden su espacio a los símbolos
abstractos de la fecundidad. El hombre andino ve por detrás de las cosas su
sentido profundo y trascendente.
Es la
época en que se establecen relaciones entre los pobladores del desierto de Perú
y los del Norte de Chile donde se reproducen los rasgos típicos de la tradición
Paracas: la producción de cestos, el uso de turbantes, los tejidos en malla y
sobre todo la costumbre de acompañar a los muertos con un ajuar muy valioso que
nos habla de un culto ya establecido.
Esta
influencia llega hasta Morrillos en la Provincia de San Juan (Argentina) donde
se hallaron restos humanos envueltos en cueros y pieles unidos por fibras
vegetales y acompañados por mantas de lana tejidas.
Mientras
tanto, hacia el 2800 a.C., en la costa peruana se produjo la domesticación del algodón. Se trata de un desarrollo
de capital importancia que se anticipa en varios siglos a la aparición de la
cerámica y que dará lugar a la textilería con motivos
decorativos. El motivo más repetido es el cóndor de alas desplegadas con una
serpiente en su cuerpo en el que predominan los tonos azules y los castaños.
También
es durante este período arcaico cuando aparecen los primeros telares que
permitían ahorrar una serie de movimientos que antes se hacían manualmente
utilizando un dispositivo mecánico para levantar los hilos de la urdiembre
dando lugar a un espacio por donde pasa la trama.
Estas
transformaciones culturales: la domesticación del algodón y del maíz, la
arquitectura urbana, la aparición de la pirámide truncada que nos señala la
constitución de un cuerpo sacerdotal que impulsa el perfeccionamiento del
tejido y los primeros trabajos en cerámica anuncian otra etapa del tejido: el
llamado horizonte Chavin, primer período de expansión
panandino cuya influencia se dejó sentir desde el Sur
de Colombia hasta las culturas del Noroeste argentino.
Del Chavin temprano se conservan piezas pintadas donde los
motivos principales son el ave, el felino y la serpiente que aparecen en
tríadas o diseñados en forma individual, en todos los casos con una fuerte
carga simbólica. Las castas sacerdotales fueron quienes atesoraron este
conocimiento mientras que los artesanos se encargaban de ilustrarlo
estableciendo una interacción entre verbalizaciones y
visualizaciones.
Con el
establecimiento del estilo Chavin se produce un gran
desarrollo técnico del tejido, se popularizan las gasas y las piezas de telar,
se utiliza la técnica del brocado y del gobelino.
Gracias
al hallazgo de los yacimientos arqueológicos de Cupisnique
en la costa Norte de Perú, sabemos que se habría domesticado la llama, la
alpaca y la vicuña porque estos animales aparecen representados en la cerámica.
En la
costa se han encontrado tumbas individuales excavadas en la arena o inmensas
necrópolis que albergaban una gran cantidad de fardos funerarios, estos
descubrimientos permiten asociar la tradición Paracas al horizonte Chavin ya que la función primordial de los tejidos era
realzar el contenido mítico y actuar como vehículo de creencias.
En
algunos entierros los personajes habían sido colocados en canastas o cubiertos
con pieles de zorro o cóndor. La cabeza está adornada con gasas o paños finos
con figuras mitológicas pintadas en colores armoniosos, también llevan un turbante
constituido por una larga faja tejida que forma en la frente o al costado una
borla.
Los
cuerpos están cubiertos por dos o tres mantos que representan figuras
mitológicas y protegidos por una gruesa sábana de
algodón.
La
iconografía de la fase Chavin, que se continuará en
la cultura Nazca, denota el deseo de movimiento y la vocación pictórica de los
tejedores. La aguja del artista crea su propio ritmo como lo haría un pintor
con su pincel, los hilos de diferentes colores se combinan armoniosamente para lograr
una imagen deseada sin otra limitación que la voluntad del artesano.
Dos
elementos distintivos tienen los mantos Paracas: el ritmo de su iconografía y
la aristocracia del color.
"Ricardo
Rojas señalaba en el Silabario Americano que una de las características del
arte de este continente es el ritmo de las reiteraciones. Las figuras se
repiten y las rotaciones de los colores en la ropa o en adornos de los
personajes pueden guiar al observador para encontrar el comienzo de una
serie." (Concuera, 1987,p.17).
Este ritmo es asimilable a las pausas y a las notas de la música que sabemos,
estuvo presente en las ceremonias porque la representación de músicos y
bailarines es otro de los motivos presentes en esta cultura.
Se trata
de bordados en punto cadena aplicados sobre telas de impecable confección
tenidas con veintidós colores distintos que variaban en ciento noventa
tonalidades.
Con la
tradición Paracas todas las técnicas que se desarrollaron en el arte textil
andino llegaron a su punto de culminación. Las culturas posteriores retomarán
estos conocimientos.
Período
intermedio tardío – La cultura Chancay
Otro momento de máximo esplendor en el desarrollo del arte textil es el que los
especialistas denominan período intermedio tardío que retoma la antigua
tradición de gasas de Paracas y la eleva al más alto nivel de expresión
artística.
Se
desarrolló en el centro y el Norte de la costa de Perú en el reino Chimu. Los chimúes fueron
magníficos orfebres y tejedores, concentrados en el centro urbano de Chan – Chan, consideraron a la
ropa y al arte plumario como un símbolo de jerarquía social. Las más complejas
técnicas fueron combinadas en cada pieza tejida para dotarlas de un valor digno
de competir con otras cubiertas de plumas y de lentejuelas de oro. Todos los
ornamentos muestran que la ropa formaba parte del fastuoso escenario donde se
desarrollaba el culto.

Un
maravilloso ejemplo del virtuosismo y creatividad del ancestral arte del tejido
andino. Un árbol tejido en la Costa Central , Chancay, durante el Período Intermedio Tardío. El mágico
árbol mide casi un metro de altura.
Al mismo
tiempo en la costa central se desarrollaron durante este período dos técnicas
nuevas. Por un lado, la del crepe -que se consiguió a partir de una fuerte
torsión de los hilos y de sobrebordados que se
aplican sobre gasas y filets cuidadosamente teñidas-.
Y por otro, aquella que consiste en cambiar los diámetros de las hebras y al
mismo tiempo su torsión, trabajando con hilos muy finos pero de gran
resistencia de modo tal que se logra una tensión uniforme en toda la tela, aún
cuando se torna más dificultoso por lo abierto de la trama.
Una
mención especial merece, durante este período la cultura Chancay,
por el refinamiento que alcanzó el arte textil y por el alto desarrollo de la
simbología de los motivos. En esta tradición se destaca la candidez con la cual
los artesanos desarrollaron su juego creativo.
En cada
pieza queda plasmado el deseo de trascender lo temporal y de comunicar lo que
se considera permanente. La técnica, el ingenio decorativo y el universo
interior de los artistas se conjugaron armoniosamente para acercarnos el mundo
que habitaron aquellos hombres.
El
lenguaje simbólico
Entre los motivos que
se repiten en la tradición textil andina podemos encontrar gran cantidad de
símbolos que son tópicos del pensamiento mítico, viejas
creencias arraigadas en las culturas arcaicas que dejaron entre los antiguos
americanos sus expresiones sensibles.
Para el
hombre que habita el mundo mítico el espacio no es homogéneo. Existe un espacio
sagrado que se asimila al centro del mundo y que está representado por una
pirámide, una colina, un poste, un árbol o una escalera. Este sitio es el lugar
donde se comunican las tres regiones cósmicas cielo, tierra y regiones
infernales y por eso posibilita la comunicación, el tránsito de una región a
otra.
Esta
simbología está representada en América por la pirámide escalonada que se
repite desde Estados Unidos hasta la Patagonia como
uno de los signos de mayor difusión. El número de sus escalones, siete o trece,
en la mayoría de los casos posee también contenido simbólico.
Pero la
greca escalonada aparece también representada en los tejidos y constituye junto
con la cruz el signo de mayor arraigo y difusión. Se trata de un motivo
escalonado en forma de línea quebrada, regular que parece perfilar los peldaños
de una escalera que se pliega sobre sí misma en ángulo recto.

Arriba, derecha, fragmento de un
tejido de
Fragmento
de un tejido de la costa sur peruana.
En la
tradición Chavin y en Paracas es frecuente encontrar
el perfil de la escalera combinado con la representación de la serpiente o del
rayo "símbolos acuáticos para pueblos sedientos" (Concurre R., 1987,
p. 78).
También
el árbol se encuentra ampliamente documentado en las culturas americanas donde
aparece en las primeras narraciones que intentaban explicar la creación del
universo.
En Chavin de Huantar encontramos la
presencia de ramas creadoras que alimentadas por los gérmenes del fondo de la
tierra contienen la posibilidad de cumplir los ciclos vitales.
En la
cultura Chancay aparece el árbol de la vida, elemento
sagrado que unifica las tres regiones del mundo: la de los gérmenes y las
semillas, el plano donde vivimos y la morada de los dioses celestes.
En la
iconografía textil estos árboles están enriquecidos con diversos dones pájaros,
flores; y sus frutos están representados tanto por el capullo de algodón como
por un ovillo de hilado. Homenaje al hilandero y a la potencia creadora de la
fibra primaria y reconocimiento del vínculo entre el hombre y la materia
natural que le ha servido al mismo tiempo de abrigo y de medio de expresión.
Para
terminar, una breve referencia a las esculturas textiles que desarrollaron los
artesanos chancay cuando el plano del telar resultó
insuficiente.
Los
árboles a los cuales nos hemos referido, llevaban en su propia forma su mayor
contenido. La diferencia principal entre ellos y los que se produjeron en
Paracas consiste en que estas piezas son entidades autónomas, un objeto
destinado a ocupar un espacio, una verdadera escultura. Se trata de un fenómeno
complejo, de alto contenido poético, donde se conjugan lo mágico – religioso,
la técnica y el arte.
En las
esculturas textiles las imágenes nos cuentan la vida de aquellos hombres y nos
hablan del mundo que habitaron. El gorro de la lámina 47 es el testimonio de un
tiempo histórico. Se partió de un objeto utilitario que por su forma bien puede
asimilarse a una colina y que además eleva la altura de quien lo usa
otorgándole cierta majestuosidad. Pero lo que más interesa es que describe el
mundo de aquellos llameros que desde épocas muy
tempranas formaron parte del intercambio entre la costa, la selva y el
altiplano.
Intercambio
que estaba basado en la llama, único animal de la zona capaz de transportar
carga. Esta escultura nos narra la fatiga del llamero
cuando asciende la montaña donde se encuentran las terrazas de cultivo.
La
dignidad del tocado y los datos que se le pueden agregar nos transportan al
medio donde vivieron aquellos tejedores artistas.(*)
Bibliografía
Concuera R., Herencia textil andina, Buenos Aires,
Impresores S.C.A.. 1987.
Gisbert T., Arze S y Cajías M., Arte textil y mundo andino, Buenos Aires,
Tea, 1992.
Eliade M., Lo sagrado y lo profano, Barcelona,
Labor, 1981.

La textilería actual es heredera de una larga tradición
prehispánica desarrollada a los largo de todo el país, entre los que destacan
los mantos Paracas y los tejidos Inca y Wari
ayacuchano. Los textiles más antiguos, encontrados en Huaca
Prieta – Chicama, datan de hace unos 4,000 años. Los
materiales –que se siguen utilizando en la actualidad- son preferentemente el
algodón marrón y el blanco, las fibras de vicuña, alpaca y llama. Otros
materiales utilizados eventualmente pueden ser los cabellos humanos y los pelos
de murciélago, y, más frecuentemente, los hilos de oro y plata. Además, todavía
se mantiene el uso de algunos tintes naturales que se combinan con la anilina y
otros tintes industriales, y el telar vertical y el telar a pedales continúan
siendo las herramientas con que se tejen la mayoría de mantas y telas.
Los departamentos
donde el tejido tiene mayor vigencia son Ayacucho, Puno, Cusco,
Junín, Apurimac y Lima. En cuanto a la decoración cusqueña es frecuente encontrar elementos como la tika, que representa a la flor de papa, y el sojta, un diseño geométrico que simboliza el ciclo del
sembrío. Existe aquí, una rica variedad de chullos
(gorros con orejeras) de mostacillas, bolsas coqueras de lana, mantas con
motivos geométricos, fajas y chumpis tejidos por
metros, como los que se venden en el mercado de Sicuani, o el mercado dominical
de Pisac. Otro centro de producción textil es
Ayacucho, región en la que en décadas recientes se ha popularizado la
elaboración de tapices de trama y de urdimbre con motivos abstractos.
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ARPILLERAS
Es una artesanía de origen
contemporáneo, traída de Chile en la década del 70.
Se trata de de telas sobre las cuales se realizan aplicaciones de figuras
previamente elaboradas, en las que se representa temas tanto testimoniales como
costumbristas. Las representaciones de personajes, animales y plantas cosidas a
la tela matriz, le dan un llamativo efecto tridimensional al conjunto.
La arpillería fue integrada rápidamente a la labor
artesanal de sectores femeninos –sobre todo migrantes
de la sierra- ubicados en barrios periféricos de Lima, como Pamplona Alta,
donde encontraron en este género una forma afín para expresarse artísticamente.
Esta artesanía cuya práctica está muy difundida en el Perú, ha tenido un
importante desarrollo en zonas como el Cusco, donde
se ha incorporado elementos decorativos tradicionales como los muñecos y los
textiles incas.
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BORDADOS
Son famosos los bordados de Chiqnaya, Puno en grandes
y pequeños mantos tejidos con lana de oveja y algodón y que representan escenas
vinculadas a la siembra, la cosecha y las fiestas. También son muy conocidos
los bordados de Chivay, en el valle del Colca, Arequipa, adornados con cintas de agua, grecas y
pespuntes.
En Huancayo,
Junín, durante la feria dominical se ofertan faldas bordadas en su totalidad
llamadas "centros" debido a que se usan debajo de la falda de un solo
color.
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HILADOS DE
ALGODON
La confección de hilados aprovecha
el color natural del algodón pardo y los sugerentes y sobrios tonos de los
tintes naturales, aunque ahora esta variedad nativa enfrenta seria competencia
del algodón industrial, sobre todo en las zonas artesanales de Monsefú (Lambayeque) y Cajamarca.
La tradición del hilado
se remonta a los inicios de la civilización andina y su producción artesanal
persiste fundamentalmente en algunos pueblos de la costa y en las áreas altas
de la sierra.
En la selva se
elaboran prendas de vestir y mantas, de hilo muy fino y plano, sobre las cuales
los nativos Shipibos de Pucallpa realizan
decoraciones y dibujos de líneas geométricas inspirados en las visiones
producidas por sus plantas sagradas.
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TAPICES
En el caso de los elaborados en el barrio ayacuchano de Santa Ana, los tapices
siguen presentando diseños geométricos prehispánicos a los que se le ha añadido
efectos modernos de perspectiva óptica. Otro lugar donde se puede encontrar
hermosos tapices es San pedro de Casta, en Lima, cuyos comuneros siguen usando
tintes naturales extraídos de la cochinilla y de algunas plantas.
TEJIDOS DE PUNTO
Los hallazgos de chullos, bonetes, fajas tubulares,
muñecos y varias otras piezas provenientes especialmente de las culturas
prehispánicas de la costa (Paracas, Nasca, Chancay y Mochica), demuestran
una práctica antigua del tejido de punto. Esta técnica que consiste en la
elaboración de piezas –esencialmente prendas de vestir- mediante el simple
cruce de un lazo a través de otro, permite, sin embargo, desarrollar motivos en
alto y bajo relieve. Hoy, constituyen una floreciente actividad económica en
Puno, Cusco, Arequipa y Lima.
Puno es el mejor productor de chullos y chompas en
lana de vicuña, alpaca y lana de oveja. En esta región la elaboración de
calcetines, calcetas largas y chullos de alpaca está
a cargo de tejedores hombres.