



Pachacamac
(Voz quechua que significa "el hacedor del Universo")
Distrito de la provincia de Lima,
departamento de Lima, capital , Pachacámac
(35 km. al S. de la ciudad de Lima, a 89 m. de alt.)
Historia
Según el testimonio trasmitido por el veedor Miguel de Estete,
a quien tocó el privilegio de ser el primer español que visitó aquel lugar,
"este pueblo de Pachacámac es gran cosa",
no sólo por la magnificencia de los templos erigidos al ídolo local y al Sol,
sino por parecer "cosa muy antigua".
Antiguamente
había pertenecido al señorio de Cuismancu,
a cuyos antecesores se debió la doctrina en torno a Pachacámac:
hacedor y sustentador del universo, al cual no habían representado porque no se
había dejado ver, lo tenían "por Dios no conocido", y lo adoraban
solo mentalmente.
En
su honor edificaron un templo donde pusieron los ídolos comunes, "que eran
figuras de peces, entre las cuales tenían también la figura de la zorra"; un templo "solemnísimo en edificios y
servicio, y uno solo en todo el Perú, donde los yungas hacían muchos
sacrificios de animales y de otras cosas, y algunos eran con sangre humana de
hombres, mujeres y niños que mataban en sus mayores fìestas".
Conservó su prestigio aún después de quedar incorporado al Imperio de los Incas
aquel señorío, pues Pachacútec admitió adorar a Pachacámac, en tanto que a su lado se adorase al Sol en
otro templo; y apenas se limitó a exigir "que echasen los ídolos que había
en el templo de Pachacámac, porque, siendo el hacedor
y sustentador del universo, no era decente que ídolos de menos majestad
estuviesen en su templo y altar".
Desde
entonces tuvieron su nombre " en gran veneración que no le osaban tomar en
la boca y, cuando les era forzoso tomarlo, era haciendo afectos y muestras de
mucho acatamiento, encogiendo los hombros, inclinando la cabeza y todo el
cuerpo, alzando los ojos al cielo y bajándolos al suelo, levantando las manos
abiertas en derecho de los hombros, dando besos al aire, que entre los Incas y
sus vasallos eran ostentaciones de suma adoración y reverencia".
De
todas las partes del Imperio acudieron a consultar con aquel dios invisible,
pero poderoso, que por medio de su sacerdote respondía a las preguntas que se
le hiciesen en torno a los asuntos públicos; y aun Huayna
Cápac demostró el respeto que le inspiraba Pachacámac,
pues cuando se disponía a emprender la conquista de Quito mandó embajadores
suyos hasta el templo, y se sintió sintió muy
alentado al saber que no sólo le había augurado buena fortuna en esa campaña,
sino en todas las que Ilevase a cabo, "que de
todas saldría victorioso, porque lo había elegido para señor de las cuatro
partes del mundo". 0, con cierta resignación fatalista, solía atribuirse a
sus disposiciones el origen de las grandes calamidades, tal como lo aceptó
Atahualpa al reflexionar en su cautiverio; y sobre todo al saber que ante sus
preguntas había permanecido mudo el dios, y nada habían valido los sacrificios
y los conjuros para "alcanzar respuesta alguna, ni aun una sola
palabra" (Garcilaso).

El
templo, "uno de los más suntuosos que se vieron en estas partes, estaba
edificado sobre un pequeño cerro hecho a mano, todo de adobes y de tierra, y en
lo alto puesto el edificio, comenzando desde lo bajo, y tenía muchas puertas, pintadas
ellas y las paredes con figuras de animales fieros. Dentro del templo, donde
ponían e! idolo estaban los
sacerdotes, que no fingían poca santimonia. Y cuando hacían los sacrificios
delante de la multitud del pueblo iban los rostros hacia las puertas del templo
y las espaldas a la figura del ídolo, Ilevando los
ojos bajos y Ilenos de gran temblor, y con tanta
turbación que casi se podrá comparar con lo que se lee de los sacerdotes de
Apolo cuando los gentiles aguardaban sus vanas respuestas.
...Por
los terrados deste templo y por lo más bajo estaba enterrada
gran suma de oro y plata; y es fama que había junto al templo hechos muchos y
grandes aposentos para los que venían en romería, y que a lá
redonda dél no se permitía enterrar ni eran dignos de
tener sepultura si no eran los señores o sacerdotes, o los que venían en
romería y a traer ofrendas al templo. Cuando se hacían las fiestas grandes del
año era mucha la gente que se juntaba, haciendo sus juegos con sones de
instrumentos de música de la que ellos tienen . . .

Y
teniendo gran noticia deste templo y de la mucha
riqueza que en él estaba, [el gobernador don Francisco Pzarro]
envió al capitán Hernando Pízarro, su hermano, con
copia de españoles, para que Ilegasen a este valle y
sacasen todo el oro que en el maldito templo hubiese; [pero] es público entre
los indios que los principales y los sacerdotes del templo, habían sacado más
de 400 cargas de oro, lo cual nunca ha parecido, ni los indios que hoy son
vivos saben donde está, y todavía halló Hernando Pizarro alguna cantidad de oro
y plata" (Cieza de León).
Entró
dicho capitán al templo, no obstante las prevenciones lastimeras de los indios,
pues sólo estaba permitido el acceso a quienes hacían los servicios del culto,
preparándose para ello con varios días de ayuno mayor, y los dernás no eran dignos de tocar con su mano ni aun las
paredes. Llegó hasta "una sala muy oscura y hedionda, muy cerrada, [donde]
tienen un ídolo hecho de palo muy sucio ... y mandó
deshacer aquella bóveda, donde el dicho idolo estaba
y quebrarlo delante de todos" (Estete).
Destruido el templo suntuoso, y fragmentados los ídolos que en él se guardaban,
el lugar perdió su encanto para las gentes; sus campos aledaños convirtiéronse en pastales, y por
el abandono se trocaron después en extensión eriaza sobre la cual alzaba su
mole el viejo templo. Hipólito Unánue lo vio como
materia digna para las investigaciones del filosofo y el anticuario; y por su
vecindad a la capital ha atraído el interés de J. J. von
Tschudi, Mariano Eduardo de Rivero, Antonio Raimondi, George E. Squier, E. w. Middendorf y
Charles Wiener; y, durante el siglo XX ha
comprometido los trabajos de Max Uhle,
Jacinto Jijón y Caamaño, Julio C. Tello y, recientemente, Duccio
Bonavía y Arturo Jiménez Borja. Asi
se ha establecido que sus primeras construcciones fueron hechas, probablemente,
en el siglo V; y se ha explicado sus diversos estilos, que incluyen desde el
empleo de adobes pequeños y rectangulares hasta la utilización de piedra
pulimentada. Sus principales unidades han sido caracterizadas como: templo del
Sol, templo de la Luna, templo de Pachacámac, plaza
de los peregrinos, convento de las mamaconas y residencia del cacique local.
Pero a éstas hay que agregar los sitios asociados, que integran un vasto
sistema urbano y de producción agricola y presentan
al santuario como el centro regional que en verdad fue.
(Diccionario Enciclopédico del Perú ilustrado,
Editorial Juan Mejía Baca, preparado bajo la dirección de Alberto Tauro).