


La artesanía peruana
es una de las más aclamadas en el mundo entero, arte hecho a mano. Es
mundialmente famosa por su cerámica, tallados en madera y en piedra, textiles, pinturas
y otras, Pulse los iconos para encontrar
el punto de su interés.
Perú está
representado en su artesanía que está llena de escenarios pintorescos, diversos
y apasionantes como su propia geografía e historia.
Arte peruano hecho a mano.
Artesano
Olave, Cusco
Jorge Sarmiento / PromPerú
La
artesanía peruana se encuentra entre las más variadas del mundo, como lo prueba
la amplia red de exportadores que cada año expone el ingenio de los peruanos en
mercados europeos, asiáticos y norteamericanos. Su diversidad, colorido,
creatividad y múltiple funcionalidad hacen de ella una
actividad fundamental no sólo para la configuración de la identidad peruana
sino también para la supervivencia de miles de familias y aún de pueblos
enteros, como los de Sarhua y Quinua, en Ayacucho.
Pequeñas
y grandes piezas que causan la admiración de propios y extraños, contienen
siglos de historia cargados de formas y también símbolos prehispánicos que se
funden y conviven con otros traídos por los españoles. Esa identidad múltiple y
compleja es, quizá y paradójicamente, una de las razones de la marcada
tendencia de la artesanía peruana al moderno "arte ingenuo" que
impregna de ternura e inocente sabiduría a sus piezas.
La
excelencia de los oficios artesanales en el Perú se manifiesta, por ejemplo, en
la armonía de los diseños geométricos en los tejidos, la minuciosa
representación de la vida campesina en los mates burilados, el mestizaje
cultural y el colorido de los retablos. Pero también en la finísima talla de
las piedras de Huamanga, el complejo barroquismo de las tallas en madera, la
belleza de las piezas en oro y plata y las múltiples formas que toma el barro
en la cerámica.
Estas
obras son sólo algunas de las manifestaciones de un pueblo que se comunica
principalmente a través del arte, utilizando para ello un lenguaje cuyas claves
fundamentales son la abundancia, la fertilidad y la apuesta por el futuro.
La
imaginería viene de la tradición artesanal virreinal. Consiste en la
elaboración de una gran variedad de objetos vinculados a las diversas prácticas
mágico-religiosas. Los departamentos de Ayacucho, Cusco
y Huancavelica ofrecen la mayor variedad. El Retablo o Cajón San Marcos, las
cruces, los santos, los nacimientos, la Sagrada Familia y las múltiples
representaciones del Niño Dios son algunas piezas ubicadas en este género
artesanal; actualmente también es frecuente el desarrollo de temas costumbristas.
Entre los materiales destacan los diferentes tipos de pastas de harina de papa,
semilla de níspero, yeso, tela encolada y maguey. Son muy conocidas en este
rubro artesanal las imágenes religiosas de largos y estilizados cuellos creadas por el maestro Hilario Mendívil
y su esposa Georgina en el barrio de San Blas, en el Cusco.
Máscaras. En muchas de
las danzas andinas se emplean las máscaras formando parte de la indumentaria.
Los motivos más recurrentes son la representación de demonios, ángeles,
negritos, españoles y toda clase de animales. La exposición más importante de
máscaras se da en la región sur andina del Perú como en la fiesta de la Virgen
de la Candelaria; otro centro importante es Junín y últimamente se está
descubriendo una rica variedad en la Amazonia,
vinculadas con mitos y costumbres de los pueblos amazónicos, como es el caso de
la comunidad Bora en Loreto.
Los
materiales para la elaboración de las máscaras son tan diversos como su lugar
de origen: yeso, cuero, madera, mallas de alambre y hojalata. Dentro de los
tipos de máscaras más representativas se encuentran las máscaras de la cultura
Piro, la parlampán (personajes pícaros de la zona de Huaral), los auquis de Ancash, los jija huanca de Junín
(basadas en las cabezas clavas), los huacones de la
sierra central, así como los famosos diablos de los siete pecados de Puno.
Retablos. Diminutas figuras humanas,
animales de la zona andina, imágenes de santos cristianos y
dioses
tutelares precolombinos, estrellas, cerros y lagunas, son algunos de los
elementos que conforman el colorido mundo representado en los Cajones Sanmarcos o Retablos.
Esta
forma artística traída de España se remonta a la cuna de la civilización
occidental y tiene su antecedente en los dípticos romanos con imágenes
portátiles, hechos de tablillas que se cerraban una sobre otra. En el resto de
Europa se desarrollaron con el nombre de frontales o antipedios,
y dieron lugar a los retablos monumentales que componían los altares de las
iglesias en los siglos XIII al XV. Las versiones más cercanas al retablo
peruano están en las Cajas de Santos, especie de altares portátiles utilizados
en España como parte de la parafernalia ritual católica. Fueron los artesanos ayacuchanos
quienes vieron en los altares portátiles el elemento perfecto sobre el cual
podían hacer converger su tradición propia religiosa y aquella impuesta, sin
despertar las temibles sospechas de los extirpadores coloniales de idolatrías.
Los elementos de estos retablos estaban dispuestos en dos niveles: el superior
destinado al mundo celestial, con santos y animales sagrados andinos, y el
inferior referido al mundo terrestre. El área de circulación de estos retablos
se circunscribió inicialmente al ámbito de los pastores y campesinos de
Ayacucho. Y son justamente los artistas ayacuchanos quienes más han cultivado
esta tradición de gran importancia en la configuración del imaginario peruano.
Los retablistas más conocidos son Joaquín López Antay, ya fallecido, Florentino Jiménez y Jesús Urbano.
Estos tres nombres, dan origen a la vez a tres escuelas o tendencias del
Retablo: una de vertiente mágico religiosa, otra
costumbrista y la última de contenidos históricos y realistas. En la actualidad
los estilos y temas han proliferado, mano a mano con la emergencia del Cusco como otro de los grandes centros de elaboración y
comercialización.
Tallas en Piedra de Huamanga.
En el
Perú existen
varios tipos de piedra sobre las cuales se realiza el tallado: el granito, el
basalto, la andesita, la piedra del lago, que se encuentra en Puno y el
alabastro blanco conocido como la Piedra de Huamanga. La talla en Piedra de
Huamanga en la Colonia se inició ante la escasez del mármol y de la porcelana.
Los primeros motivos fueron figuras del Niño Dios y otras de índole religiosa
como santos, cruces, vírgenes y relicarios. Posteriormente los artesanos que
encontraron en este soporte una materia propicia para el tallado, fueron
desarrollando nuevos motivos religiosos así como imágenes vinculadas a la
cultura criolla (por ejemplo la imagen de la Vicuña pisando al León de
Castilla). Actualmente en la Piedra de Huamanga se representan nacimientos
dentro de hornacinas ovoides, réplicas del monumento de la Pampa de la Quinua,
así como otras figuras de acabado tosco ideadas principalmente como souvenirs.
Tallas
en Madera. La talla en madera tuvo en la Colonia un fuerte desarrollo con la
influencia de la escultura policromada religiosa. Se hicieron retablos,
imágenes y mobiliario decorado en iglesias y conventos cuyo estilo barroco
tiene en el famoso Púlpito de San Blas, de la iglesia del mismo nombre en el Cusco, a una de las más elaboradas piezas de este complejo
estilo. Uno de los centros actuales de producción de la talla en madera queda
en el pueblo de Molinos, en Huancayo. Ahí se elaboran desde utensilios y piezas
decorativas hasta juguetes, entre los que sobresalen los llamativos
"equilibristas de brazos móviles", además de una larga serie de
animales como gallos, patos, caballos, asnos, leones y una especie de bestiario
de animales fantásticos. Piezas de fina elaboración son también los bastones de
Sarhua, del mismo lugar donde se hacen las famosas
tablas pintadas.
Mates Burilados.
Archivo PromPerú
La legendaria
bulgaris, conocida como mate o calabaza en el Perú,
es el soporte para la elaboración del depurado arte del mate burilado. Los más
antiguos trabajos en mate datan de hace 3 500 años y fueron hallados en Huaca Prieta (valle de Chicama),
en la costa norte del Perú. En épocas más recientes esta práctica ha tenido
gran desarrollo en la zona ayacuchana de Huanta, de donde provienen los
"mates huantas", conocidos por la vitalidad
de sus trazos gruesos pero seguros, a través de los cuales el artesano
representa escenas de la vida campesina. Otra variante es la miniaturización de
los dibujos, que muchas veces sólo pueden ser apreciados por medio de una luna
de aumento. La técnica consiste en hacer finas incisiones con un buril sobre el
mate creando dibujos que generalmente representan escenas de un gran dinamismo
a manera de "historietas" con temas relacionados a la vida campesina.
En la actualidad, la zona del valle del Mantaro y
específicamente los distritos de Cochas Chico y Cochas Grande son los lugares
de mayor producción de mates burilados.
Técnica del Pintado
Sobre la superficie limpia y lisa del fruto "mate", se pasa el pincel
con la distintas pinturas formándose los trazos con
distintos colores para poder expresar y pintar las vivencias, experiencias,
destrezas y objetivos de tipo estético producto de la personalidad del artista.
Se plasman escenas de la vida diaria, paisajes de las distintas zonas del país.
Cada mate pintado es distinto uno del otro ya que son distintas manifestaciones
artísticas. La destreza del artista al plasmar distintos motivos conlleva a
decir que estos productos son originales y de un arte puro.
Técnica del Craquelado
El craquelado es un método de envejecimiento que se da como acabado al fruto
del mate, produciendo finas grietas que se forman a menudo en la superficie del
mate pudiendo ser de variados colores. El craquelado se produce colocando una
capa de pintura de base sintética (secado lento) y otra capa encima de pintura
de base acrílica (secado rápido), obtenemos ese efecto. La capa de pintura
sintética seca lentamente generando tensiones superficiales durante un lapso de
tiempo mayor, por eso la capa de pintura superior que es acrílica seca
rápidamente produciendo así los resquebrajamientos naturales.
